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FEIJOO RECETA FULMINAR IMPUESTOS PARA SOBRELLEVAR LA CRISIS
El popular se afana en Allariz, símbolo del Bloque, en cargar contra el nacionalismo
Allariz, o lo que es lo mismo, territorio comanche para Alberto Núñez Feijoo. Necesidad obliga y hay que esforzarse para evitar la pérdida del escaño que está en riesgo en la provincia de Ourense. Por eso, el candidato popular buscó ayer apoyos en el feudo de Anxo Quintana solo un día después de que el candidato nacionalista se dejase arropar por un millar de seguidores.
Feijoo arrancó advirtiendo al nacionalismo de que ningún partido es dueño de los destinos de los gallegos ni de Galicia, cuestionó el bipartito del «señorito de Allariz y el plomizo de Santiago», que por la mañana gobierna y por la tarde hace oposición. «Ao Goberno que deixa que unha empresa faga molinillos eólicos para que lle monte un medio de comunicación solo lle interesa a súa propia enerxía», apostilló.
También presentó su receta para hacer frente a la crisis, de la que responsabilizó a PSOE y BNG: eliminar el impuesto de sucesiones, y rebajar el de transmisiones patrimoniales y el de actos jurídicos documentados para abaratar el acceso a la vivienda, como ya había avanzado por la mañana en Vigo.
Pero en territorio comanche el líder del PPdeG no estuvo solo. Acudió su madre, Sira Feijoo, prácticamente la lista entera de candidatos por la provincia, incluso algunos que se cayeron, como Roberto Castro. Pero sobre todo estuvo presente el sheriff, José Luis Baltar.
Y Baltar se encargó de lanzar un duro ataque a los nacionalistas. Denunció prácticas caciquiles por parte del Bloque, destacó el valor de los afiliados al PP en Allariz por las presiones que reciben (llegó a citar a los militantes del PP vasco, aunque aclaró que no es comparable), tachó de «jíbaros» a los nacionalistas del concello, explicó que son los polígonos del BNG los que no tienen ni luz ni agua porque ni siquiera están hechos y pasó a los ataques personales: «¿Víchedes ó Quin, como cambiou? Non hai máis que ver a forma de vestir, eso si que é un cambio: Armani, camisa de seda, boas corbatas...». Y tampoco olvidó reprochar al candidato nacionalista el apoyo prestado en Madrid al PSOE para evitar la reprobación de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez: «¡Eres un vendido!», gritó antes de aleccionar a los presentes para que no tachen la papeleta del PP (en la que aparecerá como cabeza de lista el destituido Luis Carrera).
La jornada para Feijoo había comenzado mucho antes, por la mañana, en Vigo, con un acto en la calle, en la zona del Arenal, donde desmenuzó su propuesta fiscal. Prometió reducir a la mitad el impuesto de transmisiones patrimoniales (pasaría del 7 al 4%) y el de actos jurídicos documentados (del 0,75 al 0,3%) para los menores de 35 años durante tres años y para las familias numerosas. Feijoo cifró en unos 6.800 euros el ahorro que está medida supondrá en la compra de una vivienda de unos 180.000 euros.
En ese acto estuvo flanqueado por su número dos en Pontevedra, Corina Porro, y el número cinco, Ignacio López-Chaves, dos nombres muy vinculados a Vigo y clara prueba de que Feijoo quiere recuperar el pulso perdido hace cuatro años (cuando retrocedió dos escaños), ahora de la mano del voto urbano en el que hoy se mueve mejor el PP. No desperdició la oportunidad de denunciar los datos de la crisis que repite machaconamente mitin tras mitin: 200.000 parados en Galicia, 1,1 millones de personas menos que cotizan a la Seguridad Social en España...
Alfredo Suárez Canal presumía el domingo ante sus paisanos de Allariz de que los nacionalistas son «músicos de atril» que llevan «unha partitura colectiva no corazón». En la metáfora, el cabeza del cartel ourensano reservó a Quintana el rol de «director de orquesta». El candidato a la Xunta se aplicó ayer con una de las teclas más delicadas del instrumental nacionalista, la del sector de la cultura afín. Ante unos 50 profesionales, en A Coruña, admitió que la gestión del Bloque no siempre sonó tan afinada como se esperaba, pero advirtió de que no es tiempo de quejas, sino de estar «máis motivados que nunca» ante la amenaza de un PP que pintó como el coco de la lengua autóctona.
Frente a esas tinieblas, Quintana ofreció la golosina de un Instituto Castelao con sedes repartidas «por todo o mundo». El principio es sencillo: si España tiene el Instituto Cervantes, con más de 70 centros en 40 países, Galicia puede impulsar su propio órgano para difundir el gallego fuera. El compromiso fue bien acogido por la intelectualidad, que a las primeras de cambio planteó la apertura de una primera delegación en Bruselas. Con su propuesta electoral, Quintana ensayó en ese colectivo la «política seductora» por la que abogó para traer ao rego a los gallegos que hablan castellano.
La idea responde a la supuesta función del nacionalismo de dar al país «a inxección de autoestima en vena que sempre precisa». Explicó que la Xunta satisface ese propósito con la «presenza en eventos internacionais, a veces non totalmente entendida, pero para nós imprescindible». El líder del BNG se refería a la factura de la delegación gallega en la Feria del Libro de La Habana, que rondó los 2 millones de euros. Quintana minimizó ese gasto, y resolvió que el motivo de la crítica fue «ver a Galicia ao lado doutros países cunha cultura propia e nacionalizada».
El esbozo del repertorio cultural, sin la invisible conselleira Bugallo, concluyó con la llamada de Quintana al proselitismo, una forma epatante de invitar a lo que horas más tarde alentó en Vilagarcía: buscar el voto puerta por puerta.
El lider pretende hacer en seis meses lo que el bipartito no cumplió en cuatro años y reformar la CRTVG
Quintana pide perdón en cada acto por las expectativas que el bipartito no colmó. Ante los representantes de la cultura, prometió hacer en los seis primeros meses de la próxima legislatura la reforma pendiente de la CRTVG, para que sea plural y no un ente al servicio del Gobierno. Apostó por vincular las ayudas a la prensa a los proyectos empresariales, crear un comisionado de la memoria histórica y abrir el Gaiás, que quintuplicará su coste estimado. En un almuerzo posterior con jóvenes empresarios, defendió el ICO gallego como una propuesta frente a la crisis en la línea de Gordon Brown y Obama.
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